Una reflexion: “Me caiste del cielo. Tu eres mi Navidad!”

Soy consejero de familia y el otro dia iba saliendo de mi oficina para visitar a una de mis familias que aconsejo. Estaba en la esquina de un semaforo esperando para cruzar la calle cuando se me acerca un borracho.
“Papa, me ayudas con algo para comer. No he comido en todo el dia.”
Lo vi en sus ojos y en su rostro vi que estaba muy acabado. Me faltaba media hora para llegar a mi cita.
Le pregunte, “quieres tacos? Si quieres te llevo a comprarte unos pero despues me tengo que ir porque tengo una cita en media hora.”
“No, Papa, se me antoja una hamburguesa de Patras,” me contesto.
Patras es un lugar donde venden comida Mexicana y Americana. Yo conozco el lugar porque en mi tiempo de almuerzo me gusta ir ahi a comer. Ya me conozen ahi.
“Okay, yo conozco Patras! Vamos pues!”
“Gracias Papa, Dios te lo pague!”
Vamos caminando y le estoy haciendo preguntas para conocerlo un poco mas. Me cuenta que su mujer lo saco de su hogar por borracho y que se siente mal por haber fracasado en su matrimonio. Le pregunto si esta listo para recibir ayuda. Me dice que si pero de a poquito.
“Yo voy a cambiar pero de a poquito. Yo no puedo parar a la brava. Tengo que hacerlo de a poquito. Hoy solamente me tome 4 cervezas y haci me la voy a llevar hasta que ya no toma.”
Me parece una buena idea. Le contesto, “bueno, lo importante es que tu mismo reconoces que tienes que cambiar. Ya has visto el impacto que tiene tu vicio en tu vida y en la vida de tu familia. El hecho que tu has reconocido que tienes un problema y estas dispuesto a cambiar, es un gran paso.”
Seguimos caminando y conversando. Cuando llegamos a Patras, veo al muchacho que me atendio hoy en el almuerzo. Le digo que me de la especial de hamburguesa con una limonada. El me ve y dice:
“Me caiste del cielo. Tu eres mi Navidad!”
Me quede callado. Esa frase me llego directo al corazon. Simplemente lo vi y le di su comida.
“Como te llamas?”
“Me llamo Miguel.”
“Bueno, Miguel [extiendo mi mano para saludarlo], cuidate. Ya me tengo que ir. Aqui esta tu comida. Provecho.”
“Gracias, Dios te lo pague.”
Cuando voy caminando a mi carro, me puse a reflexionar en la frase que me dijo. Reflexionando me doy cuenta que en realidad no fui yo que le cai del cielo, fue el que se me cayo del cielo. No fui yo que hice su Navidad, el fue mi Navidad. Hubiera sido muy facil para mi ignorarlo o decirle que no tengo dinero, pero en su rostro senti un llamado. Y es un llamado que nos invita a ver mas alla de la aparencia de la persona. Me puse a pensar en el Cristo disfrazado en el mas marginado.
Es como el cuento de los diamantes debajo de unas piedras. Habia un grupo de personas que miraron unas piedras y no intentaron ver que habia debajo de esas piedras y siguieron caminando. Otro grupo de personas miraron las piedras y decidieron ver que habia debajo de esas piedras. Se pusieron a sacar unas cuantas piedras cuando van encontrando unos diamantes. Yo encontre el diamante en Miguel. Nuestro labor es seguir en nuestros senderos buscando mas diamantes. Es decir, llegar a lo mas profundo del corazon de los mas marginados para encontrar la ensenanzas de la vida. Si no tomamos el tiempo de mover unas cuantas piedras, nunca nos vamos a dar cuenta cuantos diamantes hay escondidos.

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